El Arco de las Peñitas: cuando la popularización no es descubrimiento ⟶

​ 📅 8 de septiembre de 2026

El Barranco de las Peñitas iba a ser un artículo satélite dentro del «universo Fuerteventura», como podrían ser el de las mejores playas según de dónde venga el viento o el del retorno a la tradición vitivinícola de la isla. Mi intención era hacer un mapa fiel a la orografía para que no hubiera pérdida para las personas que quisieran subir al arco. 

Hasta ahí todo bien. Pero, antes de ponerme a escribir, me tocaba investigar para hablar con propiedad. Y, bueno, ahí es cuando se torció el artículo satélite y se transformó en otra cosa. Y es que lo que descubrí por el camino hizo que me replanteara qué era lo quería explicar y cómo me gustaría hacerlo.

Pero vamos a empezar por el principio. 

Domi y yo en el arco de las peñitas
Si te ha picado el gusanillo y quieres saber cómo llegar, hice stories en nuestra cuenta de Instagram, con mapas y explicaciones de cómo subir sin perderse.

Si pones en Google «cómo llegar al arco de las Peñitas», vas a encontrar decenas de posts que te explican dónde aparcar, te enseñan mapas hechos con mayor o menor destreza y precisión, algunas fotos del sitio e incluso el track de la ruta en Wikiloc. Viendo esto, ¿por qué iba yo a hacer otro artículo de más de lo mismo? Primer interrogante

Pero yo no decaigo, señoras y señores. Yo sigo a lo mío. Y ahora toca rigurosidad. Localicé la Topoguía de Senderos de Fuerteventura (edición 2024), la documentación de la Red de Caminos Naturales y la información pública disponible sobre el sendero SL-FV 27, que es el que va de Vega de Río Palmas a la Presa de las Peñitas y el entorno de la ermita. Perfecto. Pero… ¿y el arco? Una mezcla de sorpresa e incertidumbre surgió cuando me di cuenta que en ninguna documentación oficial del Cabildo de Fuerteventura se hacía referencia expresa al acceso hasta el Arco de las Peñitas.

Recordemos que, a diferencia de los artículos que había leído y que exponían su experiencia personal, yo quería explicar exactamente cómo llegar al arco de piedra, crear mi propio mapa «oficial», el único e inigualable que te dijera en qué piedra poner el pie exactamente para subir al arco sin desviarte ni un ápice. Así que necesitaba más información.  

Seguí buscando en Internet. Un mapa de un track en la web Alltrails me puso la mosca detrás de la oreja y empecé a tirar del hilo. Escribí al área de Medio Ambiente del Cabildo y revisé el catastro online, lugar donde puedes ver todos los terrenos con la referencia que los identifica, la superficie, el uso principal…Pero no el propietario.

Porque sí, esa es la mosca de la que os hablaba y que el Cabildo acabó de confirmarme: el terreno donde está el Arco de las Peñitas es propiedad privada. Igual que lo son los 2 descampados donde se puede dejar el coche, bien señalizados en Google, y en los cuales el Ayuntamiento de Betancuria niega haber habilitado ningún espacio de aparcamiento. Aquí un inciso: en su defensa diré que en los espacios físicos nada indica que sea un parking construido expresamente para tal. Más bien parece que el tiempo y el uso han determinado su función, y Google Maps le ha asignado oficiosamente este papel a través de contribuciones de personas que han visitado el lugar. 

Llegados a este punto, yo ya no quería explicar cómo llegar al arco. Mi interés iba danzando entre 3 ideas: 

  1. HISTORIA
    ¿Desde cuándo se sube al arco? No parece que haya sido un lugar de senderismo habitual, históricamente hablando, ya que el peregrinaje solo llegaba hasta la ermita (solo hay que pensar en el sendero oficial).

  2. INFRAESTRUCTURA
    Si yo recuerdo haber visto marcas blancas y verdes donde se supone que ya no es sendero local según la topografía oficial, ¿quién pintó estas marcas? ¿Es normal que haya senderos no oficiales? ¿Y los 2 aparcamientos? ¿Fue antes el huevo o la gallina? Quiero decir, ¿fue primero el surgimiento del parking o el descubrimiento de que ahí había un lugar instagrameable?

  3. IMPACTO
    Y la última, pero no menos importante: ¿qué repercusiones tiene a nivel medioambiental que se popularice una ruta no oficial en terreno privado? ¿Quién se ocupa de su conservación cuando el acceso no forma parte de la red oficial de senderos gestionada por la Administración? 

Para completar un poco más la información, hice lo único que tenía a mi disposición: mirar las fotos de Google Maps para dibujar una pequeña cronología. Las fotografías por sí mismas no permiten establecer cuándo comenzó a popularizarse el lugar, pero sí dibujan una pequeña pista: hay imágenes del arco desde 2016 y del aparcamiento desde 2019, mientras que 2022 concentra un número considerablemente mayor. Y es aquí cuando añadimos otra capa a la investigación: ¿qué ocurrió en esos años para que un lugar que no aparece como sendero oficial empezara a circular con tanta fuerza como destino turístico? 

Contexto, siempre contexto

Porque entre 2019 y 2022 también cambió nuestra manera de viajar. La pandemia aceleró el consumo digital, las redes sociales adquirieron todavía más peso como fuente de inspiración y los cierres y restricciones de movilidad hicieron que, durante un tiempo, nuestras vacaciones tuvieran que mirar mucho más hacia dentro. Los espacios naturales cercanos adquirieron un protagonismo que quizá antes no tenían.

¿Pudo ocurrir algo relacionado con esto en el Arco de las Peñitas? Pues no lo sé todavía. Y precisamente por eso no quiero adelantarme a la respuesta. La coincidencia temporal es una pista, no una prueba.

Ahora me toca leer mucho (y de muchas cosas varias) para responder a las preguntas que han ido apareciendo por el camino. Pero, sobre todo, para comprobar si las sospechas que tengo resisten cuando empiece tener certezas.

Pues nada, me pongo al lío. Pero no me voy sin más. Como buena reflexión viajera, te quiero dejar un runrún. Por eso ahí va la pregunta que duele y genera contradicciones: 

¿Quién decide qué lugares se convierten en “atracciones turísticas” en la era de Instagram?

Popularización no es descubrimiento. Quizás deberíamos dejar de preguntarnos cómo llegar y empezar a preguntarnos si, realmente, deberíamos estar llegando.

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