Italia se reconoce en un aperitivo con taralli y en una escultura donde la piedra parece olvidar que no es carne. La pizza napolitana se come sin ceremonia; los cappelletti, con respeto, porque saben a tradición bien guardada. Y así, caminando sin buscar nada, la ciudad te obliga a levantar la vista. Es entonces cuando entiendes por qué Bernini y Borromini discutieron con piedra y luz, y por qué los Medici no solo financiaron arte, sino una forma entera de mirar el mundo. En Italia, comer, caminar y mirar forman parte del mismo acto.