La rakia se bebe a sorbitos pequeños, dejando que su sabor se extienda por el paladar. Rasca un poco al principio, no vamos a engañarnos, pero después deja una sensación cálida que acaba sentando bien. Algo parecido pasa con Bulgaria. A primera vista, el país y sus gentes pueden parecer algo ásperos, pero solo hay que pillarles el punto para descubrir una cercanía que no siempre se muestra de entrada. Igual que la rakia, Bulgaria es de esos lugares que hay que saborear despacio.