Dicen que en Portugal todo pasa devagarinho, y debe de ser verdad: hasta el tiempo se para a tomar un café. Nosotros, entre un bacalhau, los pastéis de Belém y un vinho verde, aprendimos que la calma también se saborea. Y cuando crees que ya lo has entendido, llega la saudade… y te convence de volver.
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Madeira