Vietnam y Camboya: mapa interactivo e itinerario consciente de 16 días ⟶

Nunca habíamos estado en Asia. El Sudeste Asiático se nos resistía, no sé por qué. No era cuestión de lejanía, porque viajar 14 horas en un avión no es algo nuevo para nosotros (¡hola, Santiago de Chile!) y el idioma tampoco era un problema (nos defendemos bien en inglés y, a malas, con gestos se llega a todas partes). Pero es que a veces hay destinos que entran solos, y otros, que necesitan tiempo. ¿Recorrer Vietnam y Camboya en 2 semanas? ¿Seguro?

Aunque nos ha costado unos años empezar a descubrir este lado del mundo, la elección de países fue muy orgánica y, como ya sabes, nos decidimos por un viaje combinado a Vietnam y Camboya. Inicialmente era solo Vietnam, pero descartamos la zona del norte porque en ese momento no nos apetecía realizar trekkings, y lo de pernoctar en un homestay (casa de familia local) tampoco nos acababa de convencer. Hay algo que me chirría de esa experiencia, algún día he de investigar con más cariño el tema del impacto cultural y la comercialización de esta experiencia. Total, que esos cuatro días que no hacíamos, pensamos que podían convertirse en un colofón final por todo lo alto en el complejo de los templos de Angkor, en Camboya. Y no nos equivocamos con la decisión.

Antes de pasar al itinerario propiamente, os queremos añadir un dato que os puede ayudar y sorprender a partes iguales: una de las decisiones más acertadas del viaje fue contratar guías locales en castellano en cada destino. Gracias a ellos descubrimos que en Vietnam hay muchísima más gente que habla español de la que imaginas, y no se trata de una casualidad cultural, ni un fenómeno reciente. La explicación es histórica y política.

Cuba fue el primer país del hemisferio occidental en reconocer oficialmente a Vietnam en 1960, en plena guerra de resistencia contra Estados Unidos, convirtiendo la relación bilateral en un vínculo especial desde sus inicios. A raíz de esa alianza, en 1961 Fidel Castro impulsó un programa para formar a estudiantes vietnamitas en idioma español, enviando a los primeros 23 jóvenes a Cuba para estudiar, vivir y formarse allí. Este programa no solo se mantuvo, sino que creció durante décadas dentro de una cooperación política, educativa y económica que ambos países siguen calificando de “especial”. Y hasta aquí puedo leer 🤐​

Pues gracias a nuestros guías (entre ellos un antiguo militar que visitó La Habana en los años 80, que nos hizo 200 millones de fotos y para lo que Domi tiene una teoría) entendimos esta historia compartida y ese vínculo inesperado entre Asia y Caribe. De repente, incluso estando tan lejos, volvía a aparecer LATAM en nuestro viaje. Si esto no son señales…

Este viaje, uno de los que más habíamos pospuesto, terminó siendo uno de los más transformadores. Un primer salto a Asia que no solo nos encantó, sino que abrió una puerta nueva que en 2026 volveremos a cruzar.

Itinerario día a día

  • Día 1 – Barcelona Vuelo a Hanoi
    Salida desde Barcelona a las 09:15 con Qatar Airways rumbo a Hanoi. La duración total de vuelo es de 12h 25m pero la ruta incluye una escala en Doha de 3h 35m, por lo que la llegada a Hanoi es a las 07:15 del día siguiente.

    Nuestra filosofía de viaje es optimizar tiempos, así que, nada más aterrizar, aprovechamos para organizarnos: llevamos a mano ropa para cambiarnos en el baño del aeropuerto, compramos las tarjetas SIM locales en los mostradores y sacamos dinero en cajeros. Con todo listo, nos reunimos con Mr. Anh (Ángel para los amigos), nuestro guía local en español que nos acompañará en esta primera mañana en la ciudad.

  • Día 2 – Hanoi
    Quizás suene un poco bruto lo que voy a decir pero, ¿alguna vez lo primero que habéis visto al llegar a un sitio ha sido a un muerto? Pues nosotros, sí 😂​ Ángel (nuestro guía ex-militar), lo primero que hizo fue llevarnos al Mausoleo de Ho Chi Minh y a ese recinto de más de 20ha lleno de edificios gubernamentales. Y esto merece un artículo propio, porque nunca habíamos vivido algo parecido. Lo haré, os lo prometo. Después del mausoleo, que si la pagoda del Pilar Único, el templo de la Literatura, un paseo por el lago Hoan Kiem con el puente de The Huc y templo de Ngoc Son, la catedral católica de San José y acabar esta intensa mañana comiendo bun cha en un restaurante local. Tras un descanso reparador, por la tarde nos fuimos a Train Street y al mercado nocturno del Old Quarter.

📸​ ¿Quieres ver todas las fotos y vídeos que
ilustran día a día este itinerario?

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  • Día 3 – Hoa Lu · Tam Coc · Hang Mua (Ninh Binh)
    Llegamos a la Ciudadela de Hoa Lu bajo una humedad brutal que no solo empañaba el objetivo de la cámara, sino que además se colaba por dentro del filtro. Mientras yo tenía infartitos pensando en los mecanismos internos llenos de óxido, nuestro guía seguía haciéndonos fotos con su iPhone como si nada. Prioridades. En fin. Después, tocó paseo en barca por el río Ngo Dong, atravesando las cuevas Hang Ca, Hang Giua y Hang Cuoi, rodeados de arrozales y formaciones kársticas que parecen salidas de otro mundo. La verdad es que fue muy interesante ver a las barqueras remando con los pies y a turistas haciendo sesiones de fotos en mitad del río. ¡Una barca era un mini estudio de fotografía!

    Terminamos la jornada con la subida al Hang Mua Mua Caves. Todo nublado, la vista parcialmente escondida por la bruma, pero allí estábamos, dándole gracias a la Pachamama por permitirnos estar en ese instante exacto. Ah, y para los curiosos: Tam Coc, conocida como la “Bahía de Ha Long en tierra seca”, deslumbra con sus formaciones kársticas elevándose sobre los arrozales, creando un escenario que no se olvida fácilmente.

  • Día 4 – Bahía de Ha Long · Bai Tu Long
    Cuando contratas el crucero por la bahía de Ha Long, la mayoría de los traslados desde los hoteles están incluidos y se gestionan directamente con la naviera. El día de recogida es un auténtico caos perfectamente controlado, como si los hermanos Marx hubieran dirigido la escena: pasan lista decenas de veces, te colocan en diferentes salas del puerto según el barco y el itinerario, trasladan tu equipaje… y, de repente, todo encaja como por arte de magia y te encuentras en tu camarote con la maleta en su sitio.

    Nuestro barco, el Signature Halong Cruise, no hace la ruta típica de Ha Long: navegar por Bai Tu Long es más tranquilo, menos masificado, pero con los mismos paisajes que parecen sacados de un cuadro. Durante la tarde hicimos kayak entre los islotes en la zona de Cong Do, participamos en una clase práctica de cocina preparando fresh rolls y disfrutamos del happy hour en la cubierta, charlando con unos australianos que conocían Galicia… pero no la Isla de Pascua (Rapa Nui). Qué pinchacito nos dio en el estómago, ¿eh? La noche terminó con cena a bordo y descanso en nuestra cabina privada con balcón y jacuzzi. Digamos que este barco no es el rey de la marcha, pero la calidad de la comida sí que lo es.

  • Día 5 – Bai Tu Long
    Segundo día en la bahía. Tai chi en cubierta para los madrugadores y traslado a un barco más pequeño para pasar el día explorando. Visitamos el pueblo pesquero flotante de Vung Vieng donde vimos la vida local en los canales, incluida la producción de ostras. Almuerzo bastante elaborado, un ratito más de kayak y de vuelta al crucero principal, donde pasamos la tarde relajándonos en cubierta, entre cafés vietnamitas y cócteles en el happy hour. Nosotros elegimos la opción de 3D/2N, así que, al llegar teníamos nuevos compañeros de cena. Y a algunos se les fue la mano con el happy hour y dieron un poco el cante (literal). Para no variar, la cena a bordo fue deliciosa y pasamos una segunda noche tranquila, con la bahía como banda sonora.

  • Día 6 – Bai Tu Long · Hanoi Vuelo a Hue
    Tercer y último día en la bahía. De nuevo, tai chi de las 6 de la mañana en cubierta. Nosotros no subimos ninguno de los 2 días porque no esperábamos ningún amanecer de esos de estar embobado, así que mejor aprovechamos esos minutitos para estar más en la cama. Tras un buen desayuno, visitamos la cueva Thien Canh Son donde grupos de franceses cantaban a gritos la Marsellesa y niños maleducados con padres irresponsables tocaban la gotita de agua que une una estalagmita y una estalactita, mientras yo llamaba la atención en el idioma que podía. ¿Qué le pasa a parte de la sociedad? Tras este espectáculo bochornoso, regresamos al barco donde tenían preparado un brunch previo a llevarnos al puerto. Traslado a Hanoi gestionado por la naviera, que se pone de acuerdo con el traslado que tú hayas contratado para llegar al aeropuerto y te dejan a mitad de camino para ahorrar tiempo. ¡Todo un acierto! El vuelo a Hue lo teníamos a las 17:30h, por si queréis controlar tiempos. Y un aviso a navegantes que dejo aquí: a la llegada a Hue notaréis un golpe de calor y humedad bestial. ¡Y el que avisa, es avisador!

  • Día 7 – Hue
    Hoy conocemos a Ms. Dinh, la risueña guía que nos va a acompañar unas horas hoy y mañana. Empezamos el día saliendo de nuestro hotel del centro para ir a a la aldea artesanal de incienso Thuy Xuan, donde las varillas de colores se secan al sol como si alguien hubiera puesto a ventilar un arcoíris. Un lugar sencillo, fotogénico y muy local, donde yo me hubiera quedado a fabricar incienso sin ningún tipo de duda. Y, por supuesto, donde me compré un nón lá, el icónico sombrero cónico hecho de hojas de palma y bambú que me acompañó todo el viaje y que todo el mundo se quería probar en los aeropuertos.

    Desde allí nos fuimos a dos de las tumbas imperiales más potentes de la dinastía Nguyen: la de Khai Dinh, recargada, teatral y casi barroca, y la de Tu Duc, mucho más serena, rodeada de lagos y jardines, pensada para la contemplación más que para el espectáculo.

    Después tocó bajar revoluciones con un paseo en barca por el río Perfume hasta la pagoda de Thien Mu, uno de los símbolos espirituales de la ciudad. De ahí, directos a comer a Les Jardins de la Carambole, uno de esos restaurantes que yo ya llevaba fichado en el mapa y que justifican planificar con cariño.

    Por la tarde entramos en la Ciudadela Imperial, con su Ciudad Púrpura Prohibida, patios, murallas y ese aire solemne que todavía flota entre los muros. Y cerramos la tarde en el mercado Cho Dong Ba, entre puestos, ruido, calor y vida local a pleno volumen.

  • Día 8 – Hue · Paso de Hai Van · Montañas de Mármol · Hoi An
    Salimos de Hue por carretera rumbo al centro del país, dejando atrás la ciudad imperial para entrar en uno de los trayectos más bonitos de Vietnam: el Paso de Hai Van, donde la montaña se desploma hacia el mar y cada curva parece diseñada para obligarte a mirar por la ventanilla.

    Seguimos hacia el sur hasta llegar a las Montañas de Mármol, cinco colinas de piedra caliza llenas de cuevas, escaleras, templos y miradores. Subir y bajar por dentro de la montaña es casi una experiencia sensorial: humedad, incienso, silencio y vistas abiertas al mar y a la ciudad de Da Nang. Por no hablar de que yo solo podía pensar en «la Chaqueta Metálica». Sí, la peli de Kubrick. Es que en Da Nang es donde transcurre la segunda parte de la película, cuando los militares son desplegados para combatir durante la Ofensiva del Tet en la Guerra de Vietnam. Ver templos llenos de marcas de disparos, pues me ayudaban bastante a ambientarme, la verdad.

  • Por la tarde llegamos a Hoi An y entramos directos en su ciudad antigua. Visitamos el salón de asambleas de Fujien (Phuoc Kien), el salón de asambleas cantón (Hoi Quan Quang Trieu), el famoso puente japonés (que estaban restaurando) y la casa Tan Ky, entre otros lugares. El primer paseo por Hoi An es de esos que se te quedan grabados: farolillos, fachadas amarillas y una sensación de parque de atracciones un poco rara, no lo negaré. Pero cuando entra en juego la comida… Buf. Te olvidas de tonterías. Qué bien se come en Hoi An.
    Antes de cenar hicimos el paseo en barca por el río Hoai. Te dan una pequeña vela con una cestita de papel, la enciendes, pides un deseo en silencio y la dejas flotar entre reflejos y farolillos. Es un gesto sencillo, ligado a la luna llena y muy integrado en la experiencia de Hoi An… aunque también claramente turístico y poco sostenible. Nosotros no vimos la limpieza porque se hace por la mañana temprano, cuando ya no queda nadie paseando por el río. Pero sí nos explicaron que hay equipos que se encargan de recoger todos los restos a diario para que el Hoai no se convierta en un vertedero flotante. No es una parte bonita del ritual, pero es la que permite que la postal siga existiendo. Y también forma parte del viaje, aunque no salga en las fotos.

  • Día 9 – Hoi An
    Hoy no teníamos nada planeado y volvimos a comprar el Hoi An Old Town Ticket para entrar a lugares que no vimos el día anterior. Caminar por Hoi An es totalmente libre, pero el pase te permite entrar a cinco lugares históricos o museos dentro de la antigua ciudad. El precio ronda los 120.000 VND (unos ~5 USD) por persona para visitantes internacionales y se compra en las casetas oficiales situadas en las entradas del casco antiguo o en sus inmediaciones. El del día anterior ya lo habíamos consumido, pero nos interesaba conocer más de este lugar tan curioso y sale más a cuenta que pagar los edificios por separado. Además, es una manera de financiar la conservación de este Patrimonio de la Humanidad y, aunque no te lo piden para pasear, sí te lo sellan a la entrada de los edificios.

    Bueno, pues pasamos el día paseando por la ciudad, explorando calles tranquilas y rincones con encanto. Entramos a algunas sastrerías e hicimos la visita guiada (sí, las que todos recomiendan porque hacen ropa a medida en 24 horas), compramos juegos de manteles preciosos con bordados tradicionales, incienso auténtico, y probamos cafés helados con naranja —una mezcla curiosa que, sorprendentemente, funciona.

    Mientras caminábamos, se nos acercaban niños pequeños con una silla colgada en la espalda para sentarse delante tuyo y practicar inglés (¡y también español!). Fue una de esas sensaciones que te recuerdan que estás en un lugar donde la vida y la curiosidad van de la mano.

    Y claro, otra cosa que hay que decir: comimos y cenamos de maravilla. Hoi An tiene una escena gastronómica de primera, con sabores locales que llenan el estómago y la memoria. Ah, y esto no os lo había contado hasta ahora: bebimos siempre vino chileno. Sabéis de nuestro amor por Chile, ¿no?

  • Día 10 – Hoi An Vuelo a Ho Chi Minh
    Despedida de Hoi An. Hoy a las 8:30h volamos desde el aeropuerto de Da Nang hasta Ho Chi Minh, la metrópolis donde todo va a cien por hora. Así que tocó madrugar, porque el aeropuerto está a 1 hora de camino. Aterrizamos algo antes de las 11 de la mañana y en el aeropuerto no recogió un amor de persona, Ms. Huong, Perfume para los amigos. Nos llevó directos a la Pagoda del Emperador de Jade, un templo taoísta lleno de humo de incienso y esculturas que parecen movidas por otra lógica. Mientras paseábamos, nos topamos con funerales por la calle: nos explicaron que los camiones que acompañan al difunto van tirando billetes falsos de papel. Según la tradición, esos billetes ayudan al espíritu a “subir más rápido” en su viaje, ya que sirven para sobornos a otros espíritus terrenales que quieren impedir su ascenso al cielo. Un choque cultural que te deja pensando. No me cansaré de repetirlo: hay fotos, id a verlas.

    De ahí fuimos al Museo de los Vestigios de la Guerra, un lugar duro, crudo y sin edulcorantes, donde me dediqué, muy disimuladamente, a fotografiar caras de gente viendo algunas de las imágenes más horripilantes de todo el viaje. No es un museo fácil, pero sí uno que te atraviesa y te ayuda a entender muchas cosas. Cuando lleguemos a la explicación de los túneles de Cu Chi, os contaré un sentimiento contradictorio que me pone de mal humor. En este museo está prohibido ir con alguien que te haga la visita guiada, así que has de hacerla por libre. Aunque Perfume nos explicó algunas cosillas de estrangis en la planta baja y nos contextualizó mucho, ya que ahí hay una exposición de las reacciones con fotos y carteles, a nivel internacional, contra la guerra de Vietnam.

    Para recuperar fuerzas, comimos en un sitio que nos encantó: Propaganda, con su cocina vietnamita moderna y esa decoración hecha a base de carteles que beben directamente del estilo constructivista ruso que tanto nos gustan. No pongáis caras raras, que seguro que conocéis a Rodchenko, pero no lo situáis. Los carteles de propaganda vietnamitas fueron mucho más allá de la guerra, promoviendo la paz, apoyando la educación y aprovechando el potencial industrial y agrícola del país. Eran revolucionarios, pero no hay que encasillarlos como arte de la guerra, ya que forman parte de un engranaje mucho más grande donde se ponía foco, mira tú qué cosas, en el papel de la mujer como poderosa y fuerte.

    Por la tarde, paseamos por la Catedral de Notre Dame, que sigue en obras eternas (otra postal típica de la ciudad, como la Sagrada Familia de Barcelona), y por la famosa estación de tren reconvertida en oficina de correos. Luego nos metimos en el mercado de Ben Thanh, conocido tanto por sus imitaciones de mucha calidad como por el caos encantador que lo rodea. Muy famoso pero, una cosa concreta que buscamos, no había.

    Cuando la ciudad empezó a encender sus luces, salimos a dar una vuelta por el paseo de Thu Thiem, el sector que hay a la orilla del río con zonas ajardinadas. También hicimos fotos a The Cafe Apartment, un edificio entero lleno de cafeterías y rincones con personalidad. Más tarde subimos al Bitexco Financial Tower, donde la vista de Ho Chi Minh al atardecer es un espectáculo urbano. ¡Luces, que no falten luces! Para cerrar el día con broche, cenamos en las alturas de nuestro hotel, que más tarde os recomendaré porque estuvo muy bien. Y todo esto que os he contado, sobreviviendo a cruzar por los pasos de cebra, que ser un peatón en Ho Chi Minh es deporte de riesgo.

  • Día 11 – Ho Chi Minh · Delta del Mekong (Ben Tre)
    Este día fue espectacular y lo recuerdo con muchísimo cariño. Durante los tres días que pasamos en Ho Chi Minh tuvimos a la misma guía, Perfume, una chica que nos llevó a sitios donde prácticamente estábamos solos. Sin duda, un gran acierto.

    Empezamos en Ben Tre, en las ladrilleras, viendo los hornos y la manera tradicional de trabajar. Luego nos montamos en barca, con un coco recién abierto en la mano, y nos dirigimos a una factoría de caramelos de coco. ¿Alguna vez os he dicho que me fascina el coco? Pues ya lo sabéis. Allí probamos también un licor de serpiente y fruta tropical. Que tú dirás: menuda turistada. Pues qué quieres que te diga, lo pasamos bien, no había apenas gente y comí coco hasta reventar. Ni tan mal. El paseo siguió por el Mekong mientras Perfume nos hacía fotos que ahora decoran el comedor de casa.

    La experiencia continuó subiéndonos a un xe loi, un moto carro típico, que nos llevó a otra barca de remos por un afluente del delta. A todo esto, yo con mi sobrero, ¿eh? No os penséis que lo dejé en el hotel, no. Y si no tenías, la señora barquera te dejaba el suyo para la foto. Este paseo nos condujo al lugar donde íbamos a comer, del que no tengo ni idea del nombre, pero fue un almuerzo memorable en una especie de casita individual, entre canales, palmeras y arrozales, donde no veías ni escuchabas si había otros comensales.

    De vuelta a Ho Chi Minh por la tarde, y tras un día lleno de agua, sol y risas, cerramos la jornada con una cena en un restaurante recomendado por Michelin, disfrutando de la gastronomía local y recordando todo lo vivido en el delta. Un día que, sin exagerar, encapsula todo lo que nos enamoró de esta región.

  • Día 12 – Túneles de Cu Chi Vuelo a Siem Reap
    Nuestro vuelo a Siem Reap salía a las 16h y teníamos toda la mañana para aprovecharla. Antes de despedirnos de Vietnam teníamos una visita pendiente que impone mucho respeto: los túneles de Cu Chi. Un entramado subterráneo que durante la guerra sirvió de refugio, hospital, almacén y vía de escape para miles de personas. Caminar por la selva sabiendo que bajo tus pies hay kilómetros de historia comprimida ya te coloca en otro estado mental. Entramos en el tramo permitido y lo hicimos enterito. Es estrecho, bajo y asfixiante. Cada vez un poco más pequeño. Grabé toda la secuencia y la podéis ver en cámara rápida, aquí. Sin embargo, para no variar, algo me chirría de este lugar del horror. Y es que hacia la mitad de la visita, puedes alquilar una AK-47 y comprar balas a 2$. Efectivamente, estaba lleno de gente, por lo que la banda sonora de tu recorrido por la selva son disparos. Y esta gente que alquila una Kalashnikova, son los mismos que tenían cara de horrorizados en el Museo de los Vestigios de la Guerra. Yo ya lo siento, pero desvirtualizar así una guerra hasta convertirla en una especie de atracción me resulta, cuanto menos, inquietante.

    Tras esta visita fascinante, nos despedimos de Perfume y nos fuimos al aeropuerto. Tocaba otro capítulo del viaje: cambio de país, cambio de ritmo, cambio de energía. Con nuestra VISA impresa (que nadie apenas miró), cruzamos la aduana y nos plantamos en el país de las sonrisas tranquilas. Compramos nuestras SIMs locales en los mostradores que hay en la parte externa del aeropuerto y nos fuimos a nuestro hotel sabiendo que nos esperaba uno de los lugares más impactantes del Sudeste Asiático: los templos de Angkor.

Domi y Montse posando con el templo de Angkor Wat al fondo, en el recinto arqueológico de Siem Reap

  • Día 13 – Angkor en mayúsculas
    Hay lugares que has visto mil veces en fotos y aun así, cuando estás delante, te quedas sin palabras. Angkor Wat fue exactamente eso. Nuestra visita la hicimos de la mano de un guía en castellano, porque no queríamos perdernos nada de la historia y su significado. Y, aunque algunos digáis que esto le quita épica a la visita, la hicimos en coche con aire acondicionado, agua fría a libre disposición y toallitas para ir secándonos el sudor. Con una sensación térmica de 46º, no estábamos mucho para pensar en heroicidades.

    Llegamos a Angkor Wat ya de día, sin madrugón ni carreras contra el sol, pero aun así el impacto fue inmediato: las torres, las proporciones, el silencio pesado que tienen los sitios que han visto pasar siglos. Entendimos rápido por qué este templo es el símbolo de Camboya y uno de los mayores complejos religiosos del mundo. Después cruzamos la Puerta Sur de Angkor Thom, flanqueada por las hileras de figuras sosteniendo a Naga y donde hacer fotos en perspectiva es una gozada. Seguidamente, entramos en otra dimensión: Bayon, con sus decenas de caras gigantes mirando en todas direcciones. Siempre hay una que parece estar mirándote solo a ti. Más fotos. Llegamos a Baphuon, imponente y elevado. Luego a Phimeanakas, más íntimo. Y las terrazas más escenográficas del conjunto: la Terraza de los Elefantes y la del Rey Leproso, llenas de relieves que cuentan historias en piedra. Y luego, uno de los favoritos de medio planeta por haber salido en la peli «Tomb Raider»: Ta Prohm, el templo abrazado por las raíces gigantes de los árboles. Ver todo esto es como estar en un sueño, no te acabas de creer que estés ahí. Y a todo esto, este día descubrí mi segunda obsesión después del coco: los batidos de anacardo. Si no los habéis probado, haceos ese favor.

    Pasamos la tarde en remojo y acabamos el día llamando a un Grab para que nos llevara a cenar a Haven Cambodia, un restaurante social precioso donde la comida es solo una parte de la experiencia. Aquí trabajan y se forman jóvenes en situación vulnerable, aprendiendo hostelería como herramienta para construirse un futuro. El sitio es un patio muy bonito, espaciosos, la atención es impecable y la cocina camboyana, deliciosa y honesta. Salimos de allí con la sensación de haber comido muy bien y de haber puesto un pequeño granito de arena en algo que merece la pena. Recomendamos reservar previamente, nosotros lo hicimos por WhatsApp.

  • Día 14 – Kompong Phluk · Banteay Srei · Banteay Samre
    La visita al pueblo flotante de Kompong Phluk, en época seca, es muy diferente a la que se hace cuando todo está inundado y lo ves desde una barca. Nosotros caminamos por calles secas, donde las motos levantaban una polvareda al pasar. Y esto fue una ventaja, porque no había más turistas que nosotros. Los niños jugaban a voleibol en campos creados explícitamente para esto. Nos llamó mucho la atención esto del volei, cuando el fútbol es el deporte rey, ¿no? Poder ver las casas elevadas sobre pilotes altísimos y las mujeres arreglando las redes de pesca fue una visión muy real, muy poco escenificada. No sé cómo será en otra época pero, esta visita, de esta manera, yo la recomiendo. Después visitamos Banteay Srei, el llamado “templo rosa”, pequeño y delicadísimo, con unos relieves que parecen tallados en mantequilla. Es distinto a todos los demás: más fino, más detallista, casi íntimo. De nuevo, compartiendo espacio únicamente con otra pareja de turistas. Y cerramos el día con Banteay Samre, donde parece que vas entrando y saliendo de un entramado de puertas donde siempre acabas en el mismo sitio.

  • Día 15 – Phnom Kulen · Beng Mealea
    Cuando decidimos qué visitar este tercer día, pusimos sobre la mesa varias opciones, pero acabó ganando este combo: primero, subimos a la montaña sagrada de Phnom Kulen, lugar de peregrinación para los camboyanos. Allí vimos los lingas tallados en el lecho del río y el gran Buda reclinado. El ambiente era puramente local. Piensa que nosotros jamás habíamos estado en Asia, así que este lugar nos hizo explotar la cabeza. No os perdáis el día a día de Instagram, porque vale la pena.

    Y luego, uno de los grandes momentos del viaje: Beng Mealea. Sin restaurar del todo, más salvaje, más Indiana Jones. Bloques caídos, pasarelas de madera, silencio. Si Angkor es grandeza, Beng Mealea es misterio. No podíamos volver de Siem Reap sin haber visto este lugar con nuestros propios ojos: deseo concedido.

    Para nuestra última noche camboyana teníamos claro que queríamos una cena homenaje. Y nos la dimos en el Café Indochine, una preciosa casa tradicional jemer de madera, rodeada de un jardín que parece un oasis donde nos comimos un menú degustación de platos típicos del sur de Camboya. Totalmente recomendable.

  • Día 16 – Siem Reap Vuelo de regreso
    Nuestro vuelo a Barcelona salía a las 19:25h, así que teníamos toda la mañana libre. Barajábamos dos opciones: los Campos de la Muerte de Siem Reap (Museo del Genocidio) o el Angkor National Museum. Finalmente nos decantamos por el segundo, pero esto es algo totalmente personal. La sorpresa fue muy grata porque, tanto a nivel museográfico como museológico, el museo está muy trabajado. Además, hay audioguía en castellano y con un diseño de experiencia de usuario muy cómodo, así que salimos muy contentos. Después de haber recorrido los templos, entender la historia del Imperio jemer, la iconografía, la evolución artística y religiosa, todo cobra mucho más sentido. Es como cerrar el círculo.

    Comimos en Khmer Grill, un restaurante especializado en barbacoa que os dejaremos recomendado en el mapa. Y, tras ello, cogimos un Grab que nos llevó a recoger las maletas para poner rumbo al aeropuerto.

    Al salir a las 19:25h, nuestra llegada a Barcelona fue a las 10:15h de la mañana siguiente. Si no puedes pedirte un día más de vacaciones, el vuelo a España deberá ser el día 16 por la mañana.

Dónde dormimos en este viaje

En este viaje elegimos alojamientos que nos hicieran sentir bien, que tuvieran personalidad y que encajaran con nuestra forma de viajar. Es decir: ubicaciones prácticas, habitaciones cómodas, algo de encanto y, por supuesto, buenas opiniones en el tema gastronómico.

A continuación te dejamos todos los hoteles donde nos quedamos, con una pequeña pincelada de cómo fue la experiencia y si volveríamos a escogerlos o no. Y lo mejor es que, por un lado, los tienes enlazados a nuestro programa de afiliados de Agoda —que tiene ofertas muy interesantes, por eso lo usamos nosotros— y, por otro, también los encontrarás marcados en el mapa interactivo que está justo debajo de esta sección. Vamos, que este artículo no puede ser más práctico 😍

✔️​ Ha Noi – Hanoi Pearl Hotel
Tipo de habitación: Executive City View
En Hanoi nos alojamos en el Hanoi Pearl Hotel, un hotel súper céntrico en el barrio antiguo, cómodo y moderno. Lo único a tener en cuenta es que los fines de semana se cierra el perímetro a la circulación de vehículos y, si llegas o te vas en sábado o domingo, tendrás que acercarte un par de calles caminando con tu maleta. En el comedor de la planta baja sirven desayuno asiático y europeo. Hay un bar en el último piso con una terraza muy cómoda, con happy hour y la carta con comida de buena calidad. Sí que nos volveríamos a alojar aquí.

✔️​ Ha Long – Signature Halong Cruise
Tipo de habitación: Senior Suite
En la Bahía de Ha Long disfrutamos del Signature Halong Cruise, un crucero con excelente comida y suites camarote con balcón que ofrecen vistas increíbles. La gestión de la naviera fue muy buena desde la recogida en el hotel. La estética del barco no sería de nuestras preferidas, pero la calidad de la comida y de los servicios fueron buenísimos calidad-precio. Cada día te enseñan el menú de la comida y la cena y te preguntan si quieres hacer algún cambio, ya sea por gustos, intolerancias o alergias. La habitación, para ser una suite, estaba poco viejecita, sobre todo el cuarto de baño, donde el WC japonés y el jacuzzi tenían botones a medio funcionar. Camas cómodas y el balconcito con mesa y sillas es todo un punto. No hubo absolutamente nada malo, pero quizás probaríamos otro barco, por cambiar.

✔️​ Hue – EMM Hotel
Tipo de habitación: Superior
En Hue nos alojamos en el EMM Hotel, un hotel tranquilo y bien situado cerca de la Ciudadela. No está exactamente en el centro, hay que caminar un poco para llegar a la zona de bares y restaurantes (15 – 20 min). Pero, viendo la cantidad de ruido que allí había, quizás es lo mejor. Tiene una piscina en el hueco que forman los 3 edificios, y es un paraíso. Cenamos la primera noche en el restaurante asociado, Spice Viet Hue Restaurant, sentados en un balconcito, y salimos muy contentos. Habitaciones amplias, camas cómodas y desayuno completo. Igual que el barco, no hubo absolutamente nada malo, pero quizás probaríamos otro hotel, por cambiar.

✔️​ Hoi An – LaLuna Hoi An Riverside Hotel
Tipo de habitación: Deluxe
En Hoi An elegimos el LaLuna Hoi An Riverside Hotel, un hotel junto al río y a pocos minutos del centro histórico. Nos tocó habitación muy amplia en la planta baja, con balcón que daba al jardín. Entorno muy cuidado, justo delante del río. La piscina, aunque pequeña, es muy acogedora y tiene el bar disponible justo detrás, para que te tomes algo en la misma tumbona. Nosotros nos tomábamos cada tarde un café vietnamita mientras intentábamos quitarnos las calores y nos encantó la experiencia. Nos prepararon un take away breakfast box muy completo el día que cogimos el vuelo a Ho Chi Minh. En la misma calle hay un mercado nocturno de comida. Sí que nos volveríamos a alojar aquí.

✔️​ Ho Chi Minh – The Odys Boutique Hotel
Tipo de habitación: Premium
En Ho Chi Minh nos alojamos en el The Odys Boutique Hotel, un hotel boutique en el Distrito 1 con una terraza espectacular para desayunar y cenar. Tuvimos que coger habitación superior porque no quedaba ninguna estándar y queríamos sí o sí este alojamiento, pero con una normal ya habría bastado. Las vistas desde la terraza son increibles. El desayuno se sirve allí y cenamos una noche, cóctel en mano. Gran experiencia, la recomiendo. Es un boutique hotel moderno, con un toque elegante. Sí que nos volveríamos a alojar aquí.

✔️​ Siem Reap – Khmer House Resort
Tipo de habitación: Modern Style Superior
En Siem Reap dormimos en el Khmer House Resort, un resort con piscina ideal para descansar tras visitar los templos de Angkor. Es de estilo moderno y khmer, rodeado de jardines, muy tranquilo y bien ubicado para explorar la zona. No está en el centro de Siem Reap, pero tiene tuc tuc gratuito, además de que un Grab al centro no cuesta más de 2€. Nos tocó una habitación en la planta baja, con acceso directo a la piscina. Gran cuarto de baño, con bañera y ducha. Amenities de calidad. Botella de agua rellenable en el bar, que tiene una gran oferta de bebidas y comidas. ¡Y menudos desayunos a la carta! Personal muy muy amable. Sí que nos volveríamos a alojar aquí. De cabeza, vaya.

El mapa interactivo que te lo hace todo más fácil

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